El síndrome de Stendhal

Stendhal fue un escritor francés que vivió entre 1783 y 1842. En realidad ése era su seudónimo, él se llamaba Henri-Marie Beyle. Nació en Grenoble, su madre falleció cuando era pequeño (siete años) y su padre era un abogado bastante respetado. Stendhal transcurrió la última parte de su infancia y los comienzos de su adolescencia en tiempos de la Revolución Francesa, y durante esos episodios su padre fue encarcelado. Años más tarde se radicó en París, donde consiguió trabajo en un ministerio, hasta que fue llamado a combatir con las tropas napoleónicas en Italia en 1801. Cuando finalizó la guerra trabajó como funcionario administrativo en diversos países como Alemania, Austria y Rusia.

En 1815 Stendhal se fue a vivir a Milán. Allí comenzó a desarrollar su carrera literaria, principalmente enmarcada en el género del romanticismo. También aprovechó su estancia en Italia para realizar algunos viajes por distintas ciudades de ese país, que lo fascinaron por su belleza. Con el correr de los años su devenir lo llevaría también a viajar por Inglaterra y nuevamente a Francia. Murió en París, una muy noble ciudad para hacerlo.

Pero la historia que ahora cuento ocurrió en 1817, durante su visita a la ciudad de Florencia (en la región italiana de Toscana), la cuna del movimiento artístico denominado Renacimiento. Al recorrerla Stendhal se fue maravillando con el hermoso derroche estético de cúpulas, frescos, estatuas y fachadas que iba encontrando a su paso, con esos atardeceres únicos sobre los puentes del Río Arno. Uno de esos días, de pronto, al ingresar a la majestuosa Iglesia de Santa Croce se sintió aturdido, con palpitaciones, vértigo, angustia y una sensación de ahogo que lo obligó a salir al exterior para tomar aire. En su libro llamado Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio, el escritor describió de la siguiente manera lo que había sentido en ese momento:

“Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme.”

Debido a la preocupación que la situación le generó, Stendhal llegó a hacerse revisar por un médico particular, quien le quitó importancia a lo que había pasado. Pero imagino que si el doctor hubiera hecho un certificado escrito tendría que haber anotado que se trataba de una sobredosis de belleza.

Pasó mucho tiempo desde ese episodio hasta 1979, cuando la psiquiatra italiana Graziella Magherini estudió más de cien casos de visitantes de Florencia que habían atravesado experiencias semejantes a las de Stendhal. Agotamiento, sofocos y mareo. A partir de sus trabajos, esa sensación fue catalogada como un síndrome. Un síndrome que, más allá de su incidencia clínica, se ha convertido en un referente de la reacción romántica ante la belleza extrema y absoluta.

Pienso que estuve cerca de sentirlo la primera vez que visité Florencia, aunque sin la parte de que tenía miedo a caerme. Y luego en otras ocasiones más: Londres, Cartagena de Indias, Praga, Guanajuato, Fenghuang. Qué sé yo. Me parece que viajando es la mejor manera de pretender encontrar, en algún momento, eso que nos haga temblar ante su belleza… Tal vez también la única.

“Querer es tener el valor de chocar con los obstáculos.” (Stendhal)

 

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