Una de piratas en Niebla y Corral

En muchos sueños y juegos de la infancia fui un pirata. Cuando en los viajes de hoy llego a sitios que estuvieron involucrados con corsarios, con buques de banderas negras y calaveras, con espadas, arcabuces y cañones, hago un ejercicio de imaginación. Recreo frente a mí aquellas batallas, aquel ambiente, aquella vida cotidiana, aquel pedazo de la historia… Y puedo verme jugando como en mis sueños de niño, con un parche en el ojo.

Así me pasó en Niebla y en Corral. Estas dos localidades se ubican frente a frente en ambas márgenes del Río Valdivia, a metros de su desembocadura en el Océano Pacífico, en el centro-sur de Chile. Cada una de ellas tiene un antiguo fuerte (o castillo) de la época colonial, formando parte de un sistema más amplio de fortificaciones que fue uno de los más grandes complejos defensivos construidos por los españoles en América. ¿Y de quién se tenían que defender? Claro, de los piratas.

Casas sobre el cerro (Niebla)

Nos situamos en el año 1643. Resulta que a los oídos del navegante neerlandés Hendrick Brouwer había llegado la noticia de que la ciudad de Valdivia estaba abandonada. Los españoles, que habían sufrido derrotas en ese territorio durante un furioso ataque mapuche varias décadas antes, ya no contaban con presencia fuerte en la zona. Se le ocurrió entonces dirigirse hacia allí, con la idea de fundar asentamientos en el sur de Chile y llevarse la mayor cantidad de oro posible. Después de convencer a algunos financistas, partió desde Pernambuco (Brasil) con cinco buques y 350 hombres, dobló el Cabo de Hornos y desembarcó en la Isla de Chiloé. Ahí combatió a los pocos españoles que quedaban, bombardeó con sus cañones, incendió y robó todo lo que pudo (como buen pirata que era). Luego conoció a los mapuches, que le relataron su odio a la ambición española por el oro, y que después se pusieron hostiles cuando descubrieron que la gente que él traía mostraba el mismo interés desmedido por dicho metal. Como dije, la intención de Brouwer era llegar a Valdivia, pero enfermó en altamar y murió antes de poder lograrlo. La expedición, comandada posteriormente por Elías Herckmans, llegó a las ruinas de esa ciudad 17 días después de su fallecimiento. Ni bien llegaron enterraron a Brouwer en tierra, como era su deseo, y su sucesor rebautizó el lugar como Brouwershaven en su honor. Pero la ocupación neerlandesa no duraría mucho, porque dos meses después de su arribo debieron dejar el lugar para dirigirse de regreso al puerto de origen.

Playa de arena oscura (Niebla)

Antes de partir, los piratas neerlandeses prometieron que volverían. Entonces los españoles pensaron en reforzar la zona, para evitar futuras incursiones extranjeras. El virrey del Perú de la época dispuso el envío de veinte barcos para el reasentamiento colonialista en Valdivia, un proyecto que incluía además la construcción de fortificaciones que cuidaran la entrada del río. Así se fundaron Niebla y Corral.

Fuimos hacia Niebla desde Valdivia con dos amigos. Para llegar se puede tomar el colectivo 20 en la Calle Carampague (la del puente), el viaje es de más o menos 30 minutos. Durante el camino hay muy buenas vistas, porque el bus va bordeando el río hasta su desembocadura. En Niebla viven poco más de 2000 personas, y si bien hay mayor aglomeración de casas en torno a la plaza principal, también hay viviendas a lo largo de la ruta que va al norte. Nosotros bajamos del colectivo donde termina, que es a pocos metros de donde se encuentran las playas. No hay que olvidar que éste es el principal balneario utilizado por los habitantes de Valdivia. La arena es oscura, por lo que yo intuiría cierto origen volcánico, y es imposible evitar que la mirada se pierda en la amplitud de la bahía. Era invierno, así que fue imposible bañarse, y entonces optamos por caminar un rato por la playa. Así nos encontramos con algunos acantilados, con vegetación a pocos metros de la orilla y hasta con algunos carteles que señalaban la zona como de riesgo en caso de tsunami.

Vista desde el mirador principal (Niebla)

Después subimos nuevamente a la ruta, con la intención de llegar hasta la plaza céntrica. Yendo por el costado del camino se van observando la típicas casas de estilo patagónico, con algunos cerros de fondo. Como siempre en estos casos, es habitual que se te sume a la caminata algún perro lugareño, que te acompañará hasta tu destino (o hasta que tenga ganas de dejar de hacerlo). La zona de la plaza es bien tranquila, y a un lado hay un mirador hacia el estuario que es imperdible. Una curiosidad es que la iglesia de la localidad está construida en madera pintada completamente de negro, lo que le da una apariencia bastante rara.

La iglesia negra (Niebla)

Justo detrás se encuentra la principal atracción del lugar, aquello que me había llevado hasta allí: el Fuerte de Niebla. En realidad, su nombre es Castillo de la Pura y Limpia Concepción de Monfort de Lemus. Sí, todo eso. El original fue construido en 1671 sobre uno de los acantilados, lo que potenciaba su eficacia como estructura defensiva ante los ataques de piratas y de otros enemigos de la España de la época. Sin embargo, fue destruido por completo durante un terremoto en 1737, y debió reconstruirse. Hoy el sitio se puede visitar libremente y tiene un museo muy bien montado donde se exponen datos interesantes sobre su historia.

Desde el fuerte de Monfort de Lemus (Niebla)

Nuestro siguiente destino era Corral, y para eso fuimos a pie unos 20 minutos desde el fuerte hasta el embarcadero. En el camino comimos mote con huesillos para reponer energías. El mote con huesillos es una bebida con comida: jugo, caramelo, mote de trigo y duraznos deshidratados. Dulce y rico. En el embarcadero subimos a un transbordador que tarda 30 minutos en cruzar el Río Valdivia. El viaje tiene un costo bastante accesible, siendo principalmente utilizado por personas que viven en una localidad y trabajan en la otra, además de aquellas que transportan mercaderías pequeñas. Pude viajar en la parte de arriba del barquito, observando todo el paisaje mucho mejor con el (fuerte) viento en la cara. Los principales intereses de ese recorrido son la vista de la Isla Mancera y el hecho de poder observar la bahía de punta a punta desde el nivel del agua.

Muelle amarradero (Corral)

Corral está ubicada sobre un terreno en pendiente, con calles que van de arriba a abajo y casas posadas sobre los cerros que parecen caer hacia el río. Cerca del puerto descansan unos cuantos barcos, pesqueros o de transporte, y varios botes. Lindo, muy lindo. A pesar de que tiene una población de más del doble que su vecina, me pareció un lugar más tranquilo. En uno de los lados de la costa se sitúa el Castillo de San Sebastián de la Cruz, terminado en 1678 y armado por los españoles con 21 cañones. Fue parte integral del sistema de defensa que mencioné antes, ese conjunto de construcciones que se proclamaba heroicamente como la Llave del Mar del Sur. Los piratas neerlandeses jamás intentarían volver, sin siquiera saber de la existencia de estos fuertes.

Fuerte de San Sebastián de la Cruz (Corral)

Cañón del fuerte apuntando (Corral)

Caminando mucho por estos dos lugares se nos fue pasando el día. Antes de tomar el transbordador de regreso me quedé un rato parado en el muelle, observando el cerro de la parte norte, con sus casas coloridas, y el lento meneo de los barcos anclados en el río. Después usamos otra vez el colectivo 20, que se dirige hasta el centro de Valdivia. Nosotros decidimos bajarnos algunos kilómetros antes de la ciudad, porque en esa ruta se sitúa la casa original de la cervecería Kunstmann, donde se pueden degustar distintos tipos de cerveza artesanal y especialidades de gastronomía alemana. Allí hicimos una parada para comer y beber, todo lo que pedimos estaba muy bueno.

En Niebla y Corral pude revivir aquellas escenas de piratas que imaginé durante mi infancia. Y que aún vuelvo a sentir cuando llego a este tipo de lugares…

Edificio de la municipalidad (Corral)

 

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