Mirando paredes en Valparaíso

Los comentarios que, en varias ocasiones, había escuchado sobre Valparaíso eran muy positivos. Me habían hablado de su bahía, de sus cerros, de los famosos ascensores, me habían recomendado que fuera. Quizás por eso, mi curiosidad iba en aumento mientras me dirigía a esa ciudad en autobús por la Ruta 68, una mañana de septiembre.

Cuando llegué me di cuenta de que había algo más, algo que llamaba poderosamente mi atención. En las paredes pasaban cosas.

En cualquier dirección que uno mire (excepto hacia el mar) es posible encontrar graffitis. Hay de diferentes estilos y técnicas, con distintas temáticas. Escenas alteradas de la vida cotidiana, paisajes del puerto, personajes salidos de cuentos, objetos donde no van, gatos y saxofonistas.

El arte callejero convierte la ciudad en una galería de arte a cielo abierto, donde se puede caminar durante horas sorprendiéndose con la creatividad de los dibujos y decoraciones. Si bien en todo Valparaíso hay buenos murales, los tres focos principales son los cerros Alegre y Concepción y la zona del mercado.

Uno de los motivos de tanta actividad graffitera es que la ciudad es un importante núcleo universitario, con miles de alumnos residentes. No es extraño cruzarse con alguien que esté dibujando en un muro, o con dos, o con tres… La ciudad discurre entre sus callejones, sus escaleras y sus paseos, llena de colores y mensajes, llena de vida.

Valparaíso es indudablemente una de las capitales mundiales del arte callejero, con cientos de graffitis disponibles en sus paredes. Sólo hay que dejarse llevar por los dibujos y la imaginación.

 

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