La importancia de llamarse Chapultepec

Muchas de las grandes ciudades contemporáneas tienen un parque emblemático, auténticos pulmones entre tanto cemento. Por citar dos ejemplos comunes, el Parque del Retiro en Madrid o el Central Park en New York. Estos espacios verdes constituyen, dentro de las urbes, una buena muestra de la cotidianidad de su población. Ahí se encontrará a los que salen a correr, a los enamorados que andan de la mano, a los que allí trabajan, a los que pasan caminando para ir a trabajar, a solitarios que van escuchando música en sus auriculares, a grupos de amigos que están haciendo un picnic, a quienes algunas noches allí duermen.

En el caso de la ciudad de México, nos estaremos refiriendo al Bosque de Chapultepec. Un lugar que sin dudas es imprescindible conocer si se llega a esta ciudad. El término Chapultepec proviene del náhuatl y significa Cerro de los Chapulines (grillos). Parece ser que fueron los mexicas quienes nombraron así a este lugar en el siglo XIII, incluso antes de fundar Tenochtitlán.

El parque es interesante por varias razones. En un obvio primer puesto porque es el punto para dar un paseo en un entorno con árboles, fuentes, zonas abiertas de césped y dos lagos artificiales, encontrando algo de tranquilidad cuando el ritmo de lo que ocurre en las transitadas calles nos agobia. Además de senderos para los caminantes, hay numerosos bancos para sentarse a descansar y alquilan botes para quienes quieran remar un rato.

También porque en el recorrido podremos encontrar algunos monumentos como el de los Niños Héroes, el dedicado a José Martí y el Altar a la Patria. O varios museos, como el de Arte Moderno, el Rufino Tamayo (de arte contemporáneo) y el Nacional de Antropología. Este último merece un capítulo aparte; si te interesa la historia de las culturas que han habitado estos suelos no podés perdértelo.

Además, otra de las grandes atracciones de Chapultepec es el castillo que lleva su nombre, con una historia notable. Fue construido por los españoles de la época colonial hacia 1788 (como casa de verano para los virreyes), abandonado durante los primeros años de la independencia, bombardeado durante la guerra mexicano-estadounidense y utilizado como residencia oficial por el emperador Maximiliano de Habsburgo, entre otros acontecimientos. Hoy aquí funciona el Museo Nacional de Historia, donde se exhiben distintos objetos que ilustran la historia mexicana en sus diferentes etapas, desde espadas y cañones hasta pianos y lámparas de cristal, pasando por la pierna artificial que utilizó el ex presidente Antonio López de Santa Anna.

La enorme extensión del parque está dividida en dos partes por el Paseo de la Reforma (una avenida importante de la ciudad) y existen varios puntos de ingreso peatonal. Las estaciones de metro más cercanas son Chapultepec, Auditorio y Constituyentes. Un viaje en transporte público desde el centro no debería sobrepasar  los 30 minutos aproximadamente. Cerca se pueden encontrar otros lugares de mucho interés como la estatua del Angel de la Independencia, el Auditorio Nacional o las zonas de bares de Polanco y Condesa.

Una caminata por el gran Bosque de Chapultepec nos permitirá siempre respirar algo más puro. Mientras tal vez de fondo suene el canto de algún pájaro, mientras tal vez comamos un chocolate. Edificios a la distancia. Nos cruzaremos con todos los tipos de personas en fuga del ruido de la gran ciudad (de México), pero sin más remedio que volver a ella. Así como yo, que regresaré una vez y otra vez…

 

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