Hitos y memorias de una revolución

Un viaje a Cuba no sólo consiste en descubrir ciudades coloniales encantadoras, disfrutar de sus hermosas playas, escuchar música caribeña o tomar un mojito atrás del otro. También implica inexorablemente sumergirse en muchas historias, y entre ellas está la historia de un periodo que en parte marcó el curso de la segunda mitad del siglo XX. La del proceso de lucha armada que llevó al triunfo a un movimiento guerrillero y la de su posterior ejercicio del poder. Es casi imposible ser imparcial con respecto al caso cubano, por lo general se lo adora o se lo desprecia, sin demasiada escala de grises.

Esta nota pretender relatar algo de lo que pude aprender sobre la revolución, de lo que leí o me contaron, de lo que se percibe estando ahí. El interés está puesto especialmente en los lugares donde sucedieron algunos hechos importantes y que pueden visitarse durante un viaje a la isla, en tres diferentes ciudades.

 

Santiago de Cuba

Dos de los sucesos más importantes de esta historia revolucionaria ocurrieron en Santiago de Cuba. Uno de ellos marcaría el inicio de la lucha de un grupo de jóvenes; el otro, más de cinco años después, sería la proclamación pública, por ellos mismos, de su victoria.

Empecemos por el principio. En marzo de 1952 el político y militar Fulgencio Batista había tomado el control del país después de derrocar al presidente y de suprimir las elecciones venideras. Esta situación generó descontento entre distintos sectores de la sociedad cubana de la época. Fidel Castro, en aquellos momentos, era un abogado de 26 años con un reconocido pasado de militancia política universitaria, y presentó una denuncia contra el presidente de facto donde lo acusaba de violar la Constitución. La denuncia, como tantas otras, fue rechazada.

De esta manera Fidel llegó a la conclusión de que la única forma de derrocar al dictador era mediante el uso de las armas. Dedicaría para ello varios meses reuniendo y preparando, en la clandestinidad, a un grupo de jóvenes que coincidían en su firme oposición a la dictadura. La agrupación decidió que la primera misión de su accionar armado fuera el ataque a un cuartel militar, y el elegido fue el cuartel Moncada en Santiago de Cuba.

El 26 de julio de 1953 un grupo de 130 combatientes atacó esa unidad militar, así como también el hospital civil y los tribunales de justicia. El grupo que dirigía Fidel debía ingresar al cuartel y ocuparlo, pero no lo logró. Se produjo un tiroteo entre los bandos en las afueras del edificio, y la notoria inferioridad numérica hizo que el grupo se retirara. La misión fracasó. Durante los días posteriores al hecho, las fuerzas del gobierno capturaron a la gran mayoría de los atacantes. Casi todos ellos fueron asesinados. Fidel también fue detenido y pasó casi dos años en prisión. No caben dudas de que el asalto al Moncada señala el génesis de una lucha revolucionaria que, al final, terminaría triunfando.

En la actualidad el cuartel Moncada ya no es tal, sino que se convirtió en la Ciudad Escolar 26 de Julio. De lunes a viernes cientos de niños concurren allí para educarse. Y puede visitarse, porque allí funciona también un museo. Al ingreso, sobre la fachada del edificio todavía se observan las marcas de los impactos de bala de aquel día, que fueron fueron dejados así a propósito, porque el estado de preservación y mantenimiento del complejo es impecable. El museo está compuesto de varias salas, donde se narra la historia del Moncada (desde su construcción a mediados del siglo XIX), de Fidel y sus compañeros de lucha, del ataque al cuartel y otros sucesos de la época revolucionaria, con muchos objetos en exposición. La entrada es encuentra en el cruce de la calle Trinidad y la avenida Moncada.

Ahora hacemos un salto adelante de casi seis años en el tiempo y llegamos al 1 de enero de 1959, fecha que se estableció como la oficial del triunfo de la revolución. Fidel, junto a otros integrantes del movimiento, ingresó a Santiago de Cuba. Tras alcanzar el centro de la ciudad, desde el balcón principal del ayuntamiento anunció ante la multitud la victoria del ejercito rebelde. En su discurso, además, proclamó a la ciudad como capital provisional del país.

Ese balcón quedaría por siempre guardado en la memoria histórica del pueblo como “el balcón de Fidel”. Pertenece al edificio del ayuntamiento, ubicado junto al parque Céspedes y frente a la bellísima catedral. Es imposible pasar por allí y no encontrar a alguien que te quiera contar algo acerca de ese balcón. Desde allí mismo el comandante le volvió a hablar a la gente en su visita del año 1984, cuando le dedicó a Santiago de Cuba las siguientes palabras de homenaje: “Tú nos acompañaste en los días más difíciles, aquí tuvimos nuestro Moncada, nuestro primero de enero. […] A ti te honramos especialmente hoy, y contigo a todo nuestro pueblo, que esta noche se simboliza en ti. ¡Que siempre sean ejemplo de todos los cubanos tu heroísmo, tu patriotismo y tu espíritu revolucionario!”.

Tras su fallecimiento, ocurrido el 25 de noviembre de 2016, Fidel Castro fue sepultado con honores en el cementerio de Santiago de Cuba. Allí también descansan los restos de José Martí, gran prócer de la independencia cubana.

 

Santa Clara

Volvemos a 1955. Después de dos años de prisión por el ataque al Moncada, Fidel fue liberado gracias a una amnistía general firmada por el propio Batista. Se marchó al exilio a México, desde donde continuó con sus planes para terminar con la dictadura. Allí formó el Movimiento 26 de Julio, un grupo guerrillero con el cual iba a volver a Cuba para proseguir con la lucha armada. Fueron 82 los miembros que lo acompañaron a bordo del yate Granma para su regreso en diciembre de 1956. Entre ellos se encontraban su hermano Raúl, Camilo Cienfuegos y Ernesto “Che” Guevara. El desembarco y las primeras acciones armadas posteriores no resultaron exitosas, y los guerrilleros que pudieron escapar se refugiaron en la Sierra Maestra.

A partir de este punto comenzará una lucha sin descanso entre los rebeldes y las fuerzas del gobierno de Batista, que se extenderá por dos años. El Movimiento 26 de Julio fue poco a poco aumentando su cantidad de miembros y mejorando su armamento. Los combates se sucederían en gran número y con diferentes resultados. Para mediados de 1958 los revolucionarios mantenían el control de la Sierra Maestra y la decisión de Fidel fue que la guerra debía expandirse al resto de la isla. Dos columnas armadas rebeldes avanzaron a pie desde oriente hacia el centro, y una vez allí se prepararon para las batallas definitivas.

Santa Clara adquiere entonces su importancia en esta historia. El 28 de diciembre del mismo año el grupo liderado por el “Che” inició una ofensiva sobre la ciudad, en notoria desventaja numérica y armamentística. Sin embargo, la habilidad con la que se planearon y ejecutaron las acciones le dio la victoria a los revolucionarios después de tres días de enfrentamiento. Este acontecimiento fue fundamental para la caída de la dictadura de Batista, quien debió huir a República Dominicana.

En esta bella ciudad hay varios lugares que podemos visitar para acercarnos un poco más a la historia revolucionaria cubana.

El primero es el Museo del Tren Blindado, que conmemora el descarrilamiento de un tren cargado con armamento que el gobierno de Batista había enviado para defender Santa Clara. Los rebeldes realizaron allí una maniobra de sabotaje y se apropiaron del arsenal, en lo que fue una acción determinante para sus posibilidades de conquistar la ciudad. El museo nos presenta los vagones originales que sufrieron dicho ataque (aunque fueron movidos de las vías) y cada uno es una sala donde se exhiben objetos de la época, principalmente relacionados a los combates. Además hay carteles explicativos bastante completos.

A unos 300 metros de ahí, sobre la avenida Liberación, encontramos el comité provincial del Partido Comunista de Cuba, en cuyo frente se encuentra la estatua del “Che” con un niño en brazos. Mientras caminaba por esta zona comencé una charla con una simpática anciana, que me contó que cuando era adolescente había conocido a Guevara. Me contó que eso había sido durante los días posteriores a los ataques, que su casa había sido destruida, que la habían llevado a un centro de refugiados con su familia. Y ahí lo había conocido, cuando el comandante hizo una visita para saber sobre las condiciones de los evacuados. Incluso me dijo que el “Che” le había preguntado su opinión sobre algún asunto, y que a ella le dio vergüenza responderle. Me contó muchas cosas más, intercambiamos unas risas, la señora era un encanto (y muy sabia). Esta conversación despertó en mí una conexión con el pasado histórico que incluso hoy me cuesta terminar de entender.

Otro lugar imperdible para cualquier visita a Santa Clara es el Memorial Ernesto “Che” Guevara, que guarda sus restos. Se trata de un complejo monumental diseñado por el arquitecto Jorge Cao Campos y con la intervención del escultor José Delarra. Fue inaugurado en 1988, pero los restos fueron trasladados allí recién después su descubrimiento en Bolivia en 1997. La gran estatua que representa al “Che” con un fusil en la mano tiene más de seis metros de alto. Es una obra imponente y que transmite un mensaje profundamente emotivo. En el complejo también hay un museo sobre su vida, con fotos, cartas y otros objetos que le pertenecieron. 

Por fuera del circuito oficial, hay un espacio que me gustó mucho y que recomendaría visitar: el Café-Museo Revolución, situado en calle Independencia 313 (muy cerca de Museo del Tren Blindado). Se trata del emprendimiento de Mariano Gil de Vena, un pintor y poeta palenciano que se enamoró de la isla y de su historia. Su interés lo llevó a ir consiguiendo gran cantidad de objetos relacionados al periodo revolucionario (algunas piezas únicas), y hoy su colección se expone en este local y se puede visitar gratuitamente. Además, claro, podemos disfrutar de una rica variedad de cafés, tragos y cositas para comer, en un ambiente decorado con muy buen gusto.

 

La Habana

La toma de la ciudad de Santa Clara liberó la ruta de los guerrilleros hacia la capital del país. Después del anuncio de victoria que, como vimos, realizaron en Santiago de Cuba el 1 de enero de 1959, los revolucionarios comenzaron el recorrido hacia La Habana. Durante siete días marchó Fidel Castro junto a mil de sus combatientes, pasando por pueblos y ciudades donde eran recibidos con algarabía por la población.

La entrada triunfal a la capital se produjo el 8 de enero y la caravana recorrió puntos emblemáticos de la ciudad, como el Palacio Presidencial y el Malecón. El acto principal tuvo lugar esa misma noche en el campamento militar Columbia, donde Fidel fue el último de tres oradores. “Este es un momento decisivo de nuestra historia. La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en adelante todo será fácil, quizás en adelante todo será más difícil”, es uno de los párrafos más recordados de aquel discurso suyo.

Pese a que allí no ocurrieron episodios determinantes para la lucha revolucionaria, en La Habana hay dos lugares que se relacionan con ella y que merecen visitarse.

Por un lado tenemos el Museo de la Revolución, que funciona en el que anteriormente era el Palacio Presidencial (ubicado en la intersección de la avenida Bélgica y la calle Cuarteles). Se trata de un soberbio edificio terminado en 1920 y que fue sede del poder ejecutivo nacional desde ese año hasta 1965. Se convirtió en museo en 1974, albergando la mayor colección que se pueda imaginar sobre el periodo histórico que nos ocupa. La exposición incluye documentos originales, fotografías, material bélico de la época, elementos personales de los protagonistas y también obras de arte alusivas. Por supuesto, debe tenerse en cuenta que la historia está contada y explicada desde el punto de vista de quienes vencieron y ocuparon el poder posteriormente durante más de medio siglo. En un anexo del museo, fuera del edificio principal, se encuentran exhibidos el yate Granma y otro vehículos de guerra como aviones y tanques. Esta parte puede incluso visitarse desde las calles laterales, sin ingresar al museo, porque es al aire libre.

El segundo lugar es probablemente el más visitado de todos: la Plaza de la Revolución. Allí están los relieves escultóricos con las figuras de Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos, ambos realizados por el artista Enrique Avila, que se han convertido en una de las postales más conocidas de La Habana y de todo Cuba. La plaza se destaca más que nada por ser muy grande, es justamente ahí donde Fidel solía hablarle al pueblo (a veces durante varias horas) en fechas determinadas como por ejemplo el 1 de mayo. Justo enfrente está el Memorial José Martí, que destaca por su torre piramidal de 112 metros de alto.

En Cuba se escribió un capítulo importante del siglo anterior, que tiene repercusiones incluso hasta el presente. Hubo un antes y un después de la victoria revolucionaria, la geopolítica del mundo entero se vio movilizada por aquellos acontecimientos. Para quien quiera enterarse de más, todavía quedan en pie muchos sitios donde pasaron cosas, todavía se escuchan muchas historias. Sólo es necesario llegar hasta la isla y descubrirlo.

 

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