Una gran fiesta cervecera

La fiesta de la cerveza más importante de Argentina tiene lugar durante once días en Villa General Belgrano (provincia de Córdoba). Esta pintoresca localidad, rodeada de bellos paisajes serranos, alberga anualmente un evento al que todos los cerveceros de alma deberían concurrir al menos una vez en la vida. Se trata del famoso Oktoberfest.

Para comenzar debemos saber que Villa General Belgrano es una población fundada por inmigrantes centroeuropeos que comenzaron a establecerse a partir del año 1932. Las primeras familias eran en su mayoría de alemanes, pero también de austríacos, suizos e italianos. Esta influencia fue determinante para la arquitectura del lugar, que se mantiene hasta hoy en un estilo típicamente alpino. Entre las costumbres que trajeron con ellos encontramos el culto a la reina de todas las bebidas: la cerveza.

A fines de la década del ’50 los vecinos organizaron una gran fiesta en el pueblo, con motivo de la pavimentación de su calle principal. Allí seguramente no faltó la cerveza. La deben haber pasado muy bien, porque al año siguiente se les ocurrió repetir la celebración. Y al siguiente y al siguiente, y cada vez más gente de otros lugares comenzó a acercarse a lo que más tarde se llamaría Oktoberfest. Hoy en día es uno de los festejos más reconocidos del país, con una enorme concurrencia de público.

El evento oficial se convoca durante los once días en el Bosque Cervecero, un predio acondicionado especialmente para la ocasión. Allí se ubican los puestos de venta de cerveza artesanal, comidas típicas, artesanías y recuerdos. Además se instala un gran escenario, por el que pasan grupos de música y baile que representan a las distintas colectividades de inmigrantes de nuestro país. Todos ellos, por supuesto, luciendo sus preciosos trajes tradicionales. Aparte de las mencionadas agrupaciones, el programa suele incluir figuras musicales de gran notoriedad. Este año, por ejemplo, se presentaban Antonio Tarragó Ros y Las Pelotas. Por último, vale mencionar que también tienen su espacio en el escenario muchos grupos de música de la región, de diversos géneros y estilos. De esta forma, mientras vamos disfrutando de una oferta musical tan variada, podemos elegir entre más de 50 tipos de cerveza (rubias, rojas, negras, ahumadas y demás). Por si fuera poco, tendremos para probar platos de la soberbia gastronomía alemana.

El punto fuerte de la fiesta en el predio es el espiche. Hay dos por día: a las 15 y a las 18 horas. El espiche es el ritual mediante el cual, sobre el escenario y ante la gran expectativa de los presentes, un encargado pincha uno o más barriles de cerveza (previamente agitados) con una canilla de madera. El líquido dorado sale fuertemente del barril y empapa a las cientos de personas que se agolpan debajo del escenario. La locura es total. Muchos intentan capturar aunque más no sea un chorrito de cerveza espumosa con sus chops (de porcelana o metal) por los aires. Insisto, la locura es total. Como fanático cervecero que soy, durante un espiche en la edición del año pasado se me cumplió un viejo deseo. El de terminar completamente empapado de cerveza, el de que la amarga bebida amarilla me caiga desde arriba a chorros.

El Bosque Cervecero abre a las 14 horas durante la semana y a las 11 horas los fines de semana. Se termina cuando se va el último, que suele ser bastante entrada la noche (más aún los viernes, sábados y domingos). El precio de la entrada cambia también según el día. No es económico, pero vale la pena pagarlo. Hay que tener en cuenta que este año no se utiliza más el predio que se venía utilizando hasta ahora (en el centro de la villa), sino que se ha trasladado a los terrenos de la ex fábrica de cuchillos. La distancia al centro es de más o menos 1,5 km. Lo bueno es que la organización presta un servicio de autobuses gratuito entre el centro, la terminal y el predio. Ideal para que nadie tenga que agarrar el auto después de haber bebido.

Pero fuera del predio oficial también ocurre la fiesta. En las calles de la pequeña ciudad se respira el espíritu alegre, la gente pasea, se sienta en la mesa de un bar a comer algo, brinda con los que pasan. Casi todos van con sus chops colgando en una cinta al hombro. Por la calle principal desfilan los grupos de las colectividades que luego irán al predio a bailar, los ucranianos, los andaluces, los lituanos, los escoceses, los sirios, los gallegos, los polacos… Cada uno con las vestimentas características de sus pueblos de origen. Otro personaje de la fiesta en las calles es el señor de barba blanca que va avanzando con su carro de madera y sirviendo cerveza fresca. Es una lástima que la bebida que regala sólo sea para los vecinos que participan en la organización.

Un fin de semana largo es el tiempo ideal para disfrutar de Villa General Belgrano y su tradicional celebración. Los que conocen comentan que el primer fin de semana el público es más familiar y que en el segundo, que suele coincidir con el feriado del 12 de octubre, se ven más grupos de amigos. Es una fecha para tener siempre marcada en el calendario.

Con respecto al alojamiento durante el Oktoberfest, el tema con los lugares ubicados en Villa General Belgrano es que suelen ser bastante caros. Pero además, como es un evento con cada vez más concurrencia, la anticipación es un factor decisivo. Las opciones con mejor relación entre calidad y precio se ocupan con muchos meses de antelación. Para conseguir precios más accesibles, una posibilidad es hospedarse en alguno de los pueblos que se encuentran por los alrededores, como Los Reartes o Santa Rosa de Calamuchita. Desde ambas localidades hay micros interurbanos que conectan con la ciudad sede de la fiesta (aunque la frecuencia del servicio no es la que uno desearía). En horario nocturno, sin embargo, la única opción para hacer este trayecto es compartiendo un taxi.

Para cerrar la nota les dejo tres datos que tal vez les sirvan. El primero es que en la terminal de buses no hay guarda equipaje, ni tampoco en todo Villa General Belgrano. El único sitio donde se pueden llegar a dejar mochilas es en un bar al lado de la terminal, pero tiene poco espacio y enseguida se completa. El segundo es que en el Salón de Eventos y Convenciones (con dirección en Julio Roca 168) hay una torre con un mirador que ofrece una magnífica vista de la ciudad, el valle y las sierras. Y es de acceso gratuito. El tercero es que si o sí recomiendo comprar el chop antes de ingresar al predio, porque adentro son más caros. Y tengan en cuenta que cuanto más grande sea el chop que adquieran, más barata les va a salir la cerveza artesanal que les sirvan adentro (proporcionalmente, claro). El de un litro es el más conveniente.

En el Oktoberfest se vive la idiosincrasia alemana en medio de las sierras cordobesas. Si te gusta la cerveza, no te lo podés perder. Y si todavía no te gusta, tampoco. Porque además de ser una gran excusa para viajar, seguro que probarás alguna variedad tan buena que la acabarás disfrutando.

¡Salud! ¡Prost!

 

Compartir: Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter
Viajero Cualquiera

Me llamo Pablo Palacio. Nací en 1978 en Buenos Aires, donde actualmente vivo. Mi curiosidad me llevó a recorrer unos cuantos lugares y mi inquietud me hacer querer contarlo. Hasta el momento he viajado por 31 países. El blog lo hago desde septiembre de 2015. Te invito a acompañarme...

También te puede interesar:

Deja un comentario