El fileteado, arte popular porteño

Uno camina por las calles de Buenos Aires y lo encuentra a cada rato. Por la Avenida Corrientes, por Almagro, el Centro o San Telmo, por los callejones de cualquier barrio. El fileteado se nos aparece pintado en el vidrio de un café-bar, en un puesto de diarios y revistas o sobre una pared ya descascarada por el tiempo. Está siempre ahí, ahí nomas, si uno sabe posar su mirada donde corresponde. Con sus líneas espirales, sus colores saltones y sus letras (generalmente) góticas, el fileteado es uno de los elementos más característicos de la cultura porteña. Es su identidad estética.

Los orígenes de este estilo decorativo se remontan a los primeros años del siglo XX, cuando se comenzó a usar para adornar los carros tirados por caballos que transportaban alimentos. Sus iniciadores fueron principalmente inmigrantes italianos, quienes combinaron elementos pictóricos de sus lugares de origen con otros de procedencia criolla, para crear un nuevo tipo de manifestación artística.

Para la misma época estaba surgiendo también el tango (la música típica de la ciudad), con el cual el fileteado estaría estrechamente relacionado. No es casualidad, por ejemplo, que uno de los retratos más representado en las obras de filete sea el del cantante Carlos Gardel.

Con el paso de las décadas, el uso del fileteado se fue extendiendo a nuevos espacios. Pasó así a decorar los camiones y los colectivos de transporte público y a ilustrar todo tipo de carteles de diferentes negocios. Es frecuente que en las obras se incluyan frases ingeniosas, refranes de la sabiduría popular o poemas, muchas veces en lunfardo (el dialecto del arrabal). En cuanto a los objetos que son temas recurrente en el fileteado se pueden destacar el sol, las flores, los banderines, los leones, los dragones, las palomas, los ángeles, las herraduras y los moños.

Durante un largo tiempo el fileteado no despertó la atención de los críticos como concepto de manifestación cultural. La cosa comenzaría a cambiar cuando en 1970 se organizó la primera exposición del género en una galería de arte de Buenos Aires, cuyo principal logro fue demostrar el valor especial de un estilo que estaba cotidianamente al alcance de todos. A partir de entonces, cada vez más fileteadores comenzaron a desarrollar la actividad, aumentando el número de obras disponibles. Con el transcurso de los años se fueron realizando nuevas exposiciones, renovando el interés del público.

En la actualidad, la atracción por el fileteado no parece haber disminuido. Se organizan cursos y talleres para iniciarse o perfeccionarse en su dibujo, se editan manuales y catálogos temáticos, y periódicamente se presentan muestras en diferentes espacios culturales. Dos de los artistas contemporáneos más importantes son Alfredo Genovese y Jorge Muscia (cuyas páginas web pueden encontrar acá y acá respectivamente). En la mayoría de las ferias artesanales de la ciudad es posible encontrar carteles con filetes y frases, que son una muy buena opción para quien quiera llevarse un lindo recuerdo de Buenos Aires.

En 2015 el fileteado fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. En el Museo de la Ciudad de Buenos Aires (ubicado en Defensa 223) hay una sala dedicada a esta expresión artística, donde se exponen obras y se brinda información sobre sus características y su historia. Las fotos a continuación corresponden a parte de dicha exposición permanente, que vale la pena visitar para adentrarse un poco más en la belleza y la importancia que posee el fileteado porteño.

 

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