En familia a Carmen de Areco y Chacabuco

Hace dos semanas se estaba por festejar el cumpleaños número 80 de Leonor, la abuela de Bettina y bisabuela de nuestro hijo Rafael. La reunión iba a ser en Chacabuco, donde ella vive la mayor parte del año, así que decidimos aprovechar la ocasión para hacer una escapada de fin de semana en plan familiar. Hacía varios meses que no salíamos de la ciudad, con lo cual nos vino como anillo al dedo: nos gusta conocer pueblos bonaerenses.

Nos prestaron un auto y hacia allá arrancamos el sábado al mediodía, la celebración era al día siguiente. La idea era salir más temprano pero una cosa lleva a la otra, los preparativos, y que si esto y esto otro… Rafa ocupó de buena gana su lugar en la silla trasera porque le gusta viajar en auto. Con algunos de sus juguetes cerca, obvio.

Por la Ruta 7, entre mate y mate, fuimos dejando atrás las localidades de General Rodríguez, Luján y San Andrés de Giles. En algún lugar por allí nos cruzamos con un cartel de salida hacia un pueblo con el curioso nombre de Cucullú. Aprovecho para informar que son unos cuantos los peajes que hay que pagar en la ruta, algunos un poco caros. Lo aconsejable es pagarlos con la tarjeta SUBE, pues así se obtiene un descuento considerable (falta que instalen el sistema en algunas cabinas de cobro, pero la mayoría ya lo tienen funcionando).

En la Ruta 7

A Carmen de Areco llegamos pasadas las tres, y nos dispusimos a conocer un poco el pueblo durante el resto de la tarde. En la Plaza Independencia, que es el centro, estaban preparando los puestos para una feria por la noche, pero algunos ya vendían algo. Entre otras cosas, comida, y nosotros que todavía no habíamos almorzado. Compartimos entre los tres unas empanadas de carne cortada a cuchillo y un sánguche de bondiola con cebolla, ambas cosas estuvieron muy sabrosas.

Iglesia Nuestra Señora del Carmen (Carmen de Areco)Con la panza contenta comenzamos a caminar. Carmen de Areco es un ejemplo típico de esos pueblos que existen en la provincia de Buenos Aires, ocupados principalmente en la actividad agraria y ganadera, cuyo desarrollo se vio emparentado al tendido de los ferrocarriles de principios del siglo pasado. Esos pueblos que no hace tanto tiempo tuvieron que sufrir la clausura de los servicios de tren, una medida que puso en peligro su bienestar y en algunas casos hasta su existencia. Esos pueblos con esquinas de fachadas de ladrillo tan características, donde casi no hay construcciones de más de dos plantas y entonces el cielo parece enorme, donde a la hora de la siesta de un sábado lo que reina es la calma.

Alrededor de la Plaza Independencia se encuentran los principales edificios, como la Municipalidad, la Iglesia Nuestra Señora del Carmen (finalizada en 1878) y el Banco de la Provincia. A la vuelta, en calle Belgrano 716, se encuentra el Museo Histórico, que tiene una fachada bien representativa de un estilo y una época. Cuando pasamos por ahí estaba cerrado, así que no puedo decir nada sobre la muestra.

Museo Histórico (Carmen de Areco)

Nos entretuvimos un rato más jugando en la plaza con Rafa, que no paraba de treparse a los canteros del mástil, que se escondía de nosotros o yo me escondía de él. Después anduvimos un poco por calles secundarias, casi en soledad porque seguía siendo la hora de la siesta. Algún perro nos miró mientras descansaba echado junto al escalón de entrada a una vivienda con las paredes despintadas. Rafa aprovechaba para ir pisando la mayor cantidad posible de hojas secas que encontraba en la vereda. Le gusta mucho hacer eso.

Esquina despintada (Carmen de Areco)

Cosas a la venta en la vereda (Carmen de Areco)

Así llegamos a la avenida Bartolomé Mitre, que es la de mayor circulación y conecta con la Ruta 31. Tiene un boulevard con césped y bicisenda en el medio y comercios de todo tipo (que estaban cerrados por el horario). Volviendo hacia la plaza encontramos un espacio con juegos para niños. Si bien la mayoría de los juegos eran para nenes un poco más grandes, Rafa se pudo divertir un rato en algunos de ellos. Otro lugar para visitar, que nosotros no hicimos a tiempo, es la estación de trenes (terminada en el año 1907).

Mural con muchos colores (Carmen de Areco)

Empezaba a caer la nochecita cuando tomamos otra vez la Ruta 7 para completar los poco más de setenta kilómetros que nos faltaban hasta Chacabuco. El plano y verde paisaje pampeano se proyectaba acelerado por las ventanillas mientras se iba poniendo el sol. Al llegar fuimos directamente al lugar donde nos alojaríamos. No habíamos encontrado más opciones, así que reservamos en el Hotel Postal. Si bien su precio es medio-alto, vale realmente lo que cuesta. Es un edificio cómodo y moderno, que conserva la fachada original de un edificio antiguo, situado en una de las esquinas de la plaza principal. Desde algunas habitaciones y pasillos de los pisos superiores se obtienen muy buenas vistas de la ciudad.

Vista desde el hotel hacia la plaza y la iglesia (Chacabuco)

Ya era tarde y hacía frío, salimos a buscar algún lugar para cenar. Después de consultar a los chicos de la recepción del hotel elegimos ir a un lugar que recomendaría, que se llama No Charles Cantinflas (en calle San Lorenzo 51). Es un espacio grande pero cálido, con linda decoración dedicada mayormente al cine. Comimos bien y a buen precio, comparado a los valores que se suelen pagar en Capital Federal (en algunos platos y sobre todo en las bebidas se notaba mucho la diferencia). Luego una breve caminata hasta el hotel, persiguiendo a Rafa que parecía no estar cansado para nada. Pero ya era hora de dormir.

Monumento a José de San Martín (Chacabuco)

Al día siguiente empacamos nuevamente lo que habíamos usado. Es notable el lío que podemos hacer entre los tres en una habitación en tan solo doce horas. Tomamos un café caliente y salimos a caminar. Bettina ya estuvo en Chacabuco muchas veces, debido a esa parte de su familia que vive ahí.

Chacabuco es bastante más grande que Carmen de Areco, casi lo triplica en población. Empezamos recorriendo la Plaza San Martín, que como corresponde a estos pueblos bonaerenses está rodeada por los edificios de las autoridades políticas y eclesiásticas: a un lado el Palacio Municipal y al otro la Parroquia San Isidro Labrador. La plaza está bien cuidada y limpia, al sol se estaba muy lindo. Rafa corría de acá para allá y seguía queriendo treparse a cuanta elevación encontraba. No paraba de reírse.

Los tres en Chacabuco (2018)

En las calles laterales de la plaza encontramos varios de los negocios más importantes de la ciudad, así como algunos locales gastronómicos tradicionales y también otros más modernos. El edificio municipal es lindo, de estilo francés, y a sus costados hay dos pasajes peatonales. En uno de ellos se presenta un homenaje a una de las músicas de esta tierra, el tango, con varios murales y una escultura.

Palacio Municipal (Chacabuco)

Homenaje al tango (Chacabuco)

Nosotros después nos fuimos alejando un poco, para deambular por esas calles de las que a veces podría pensarse que permanecen iguales que hace los 80 años que cumple Leonor, o tal vez más… Esas fachadas simples de ladrillo colorado a la vista y también esas otras cuyas paredes se van descascarando sin remedio, esas baldosas rotas, esos bancos de mármol en la vereda donde se charla con los vecinos, ese olor a asado que corre al mediodía…

Fachada de ladrillos (Chacabuco)

Carnicería Verónica (Chacabuco)

Cerca del mediodía fuimos con el auto hasta la estación de trenes, que está a unas quince cuadras del centro. Es casi siempre un capricho para nosotros ir a conocer las estaciones ferroviarias de este tipo de localidades. La de Chacabuco tiene una gran antigüedad, pues fue inaugurada en 1865. Por esas vías circulan aún formaciones de carga y un servicio de pasajeros medio discontinuo. Se puede ingresar y recorrer libremente todo el predio.

Cartel de la estación (Chacabuco)

Vías y andenes (Chacabuco)

Era la una del domingo, hora justa para dirigirnos a la casa donde se iba a celebrar el cumpleaños, y hacia allá nos fuimos. Nos recibieron con un generoso asado, y de postre tortas de todos los colores. Tuve el gusto de conocer a muchos familiares de Bettina que todavía no conocía, y de reencontrarme con otros a los que no vemos tan seguido. Rafael se divertía con otros nenes, pero también se hizo un tiempo para dormir su siesta.

Después de comer se soplaron las velitas y brindamos con sidra. Y una copita más por favor, gracias, que me encanta la sidra. Con el correr de la tarde, después del café, la gente empezó muy lentamente a retirarse, y también nos llegó a nosotros el momento de despedirnos. Con un fuerte abrazo y un saludo de hasta la próxima. Había sido una muy agradable reunión de la familia grande a la que pertenezco.

Pasamos por una estación de servicio a cargar combustible, conseguir agua caliente para el mate y comprar unos bizcochitos. Teníamos por delante 213 kilómetros de ruta para regresar a Buenos Aires. Empezaba a sonar una canción del Indio Solari…

Cartel indicador (Chacabuco)

 

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