El paraíso terrenal

Llegué en un momento especial. Por mi situación personal previa, porque iba a viajar de una manera en la que no estoy acostumbrado (junto a mucha gente), porque hacía bastante tiempo que no mochileaba tan lejos de casa, por algunas otras cositas más… Los lugares nos interpretan a nosotros tanto como nosotros los describimos a ellos. Diciembre de 2013. En el Parque Tayrona sentí que estaba caminando (descalzo) en el paraíso.

La introducción consiste en que iba a participar de una juntada para fin de año de una loca gente viajera que descubrí por internet. Un grupo autodenominado Viajeros Fiesteros, que se encontrarían para empezar el año nuevo 2014 en Taganga. Me sumé y fui para allá. El grupo era grande, más de 30 personas, de las cuales algunas se conocían personalmente y otras no. Un encuentro abierto del que participaron viajeras y viajeros de Colombia, Perú, Argentina, Chile, Venezuela, Ecuador y Panamá. Llegué a Taganga el 28 de diciembre, y dos días después nos íbamos para el Tayrona.

Ese lunes 30 de diciembre, el primer problema (tal vez el único) fue despertarme. Lo que quiero decir es que el grupo de Viajeros Fiesteros había organizado la noche anterior una muy buena rumba en El Rodadero de Santa Marta, que terminó tarde. Entonces esa mañana la resaca era molesta, me costó salir de la cama. Tras algunos inconvenientes iniciales, pudimos partir (junto a dos amigos peruanos que también se habían quedado dormidos) de Taganga hacia el Tayrona. En lancha, una experiencia semi-extrema. El viaje dura 1:45 horas aproximadamente. En ese lapso de tiempo me mojé completo, salté muchas veces de mi asiento por el oleaje y se me llenó la boca de sal como nunca me había pasado. Es muy divertido, aunque algunas personas lo pasan bastante mal porque realmente la vaina se mueve.

Llegamos a Cabo San Juan de Guía un poco antes del mediodía. Bajé de la lancha, pisé la arena. Todo lo que veía me deslumbraba. Mar celeste, arena dorada, palmeras con cocos, selva verde, enormes piedras grises, montañas, horizonte sin fin. Presentí (y lo comprobaría los días siguientes) que nunca iba a olvidar ese lugar, al que algunos llaman casualmente «la tierra del olvido».

El Tayrona tiene una superficie de 225 km² y fue declarado parque natural protegido en 1969. Es el lugar de encuentro de la Sierra Nevada de Santa Marta con el Mar Caribe. Antes de la conquista española era la tierra de los tayronas, quienes por los alrededores construyeron el pueblito Chairama y un poco más lejos la Ciudad Perdida. Su biodiversidad es inmensa, la fauna y la flora sorprenden. Aunque cada vez lo visitan más personas, todavía conserva lo mágico de su naturaleza. Las playas al este del parque son Cañaveral, Arrecifes y Piscina (ésta última debe su nombre a que el mar es más tranquilo para nadar).

En mi opinión, el mejor punto para hacer base si se viaja con mochila es el Cabo San Juan. Hay buen espacio para acampar, se alquilan carpas y también hamacas en un lote bajo techo; me parece que las hamacas son la mejor opción. En las otras playas también hay campings (un poco más rústicos) y cabañas para alojarse. Es importante saber que en el parque no hay agua potable ni electricidad. Otra alternativa para entrar o salir del parque es hacerlo en bus por Cañaveral, a poco más de una hora de viaje de Taganga (es más económico que la lancha), y después caminar.

Además de estar panza arriba tomando jugo de lulo, está bueno salir a recorrer. Una excelente opción para dedicarle todo un día es caminar desde Cabo San Juan hasta Cañaveral. Son tres horas a pie (ida y vuelta), no sólo por la arena sino en varios tramos por bosques húmedos o ascendiendo sobre las piedras de la sierra. En el medio se pueden ir visitando las playas que mencionaba antes, para darse un buen chapuzón con tanto calor. Porque recordemos que la temperatura anual promedio de la zona es de 27 grados. Para los más preparados (debido a la dificultad del trayecto), otra opción es llegar hasta el pueblito Chairama, donde se hallan restos arqueológicos de los tayronas de más de 500 años. Hacia el oeste del Cabo San Juan también se puede caminar un poco descubriendo algunas otras playas pequeñas, una de las cuales es nudista, o adentrándose en los manglares que hay cercanos.

Pasamos dos días en el Tayrona, en los que no sólo disfruté del paisaje, sino además que conocí gente viajera con mucha buena onda. Así se nos fueron yendo las charlas tirados al sol, las caminatas, los juegos en el mar y la fogata de la noche a la luz de la luna. Pero en algún momento de ese 31 de diciembre tuvimos que emprender el regreso. Después de cargar energía con una buena arepa de huevo y una limonada, caminamos desde Cabo San Juan hasta Cañaveral, donde nos despedimos del parque y tomamos un bus de regreso al hostel de Taganga.

El Parque Tayrona es uno de esos lugares inolvidables para el corazón, una postal viva del paraíso de Adán y Eva que encontramos en los libros viejos. El Tayrona es ahí y es ahora. Recomiendo fuertemente que pienses en este parque como uno de los lugares que deberías conocer alguna vez en tu vida. Al irte sabrás, con una sonrisa, que has dejado atrás el paraíso.

 

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2 comentarios

  • He conocido muchos lugares y no se si sean mas bellos que Tayrona, (quizás para otros si), pero hasta el día de hoy hay algo que me mueve el corazón cada que veo una foto de lo que para mi fue “Mi Paraiso” y bueno mientras esto sucede, escucho a Tayrona cantarme … como la tierra a la lluvia, como el mar espera al rio, asi espero tu regreso… a la tierra del olvido ♪♪
    Buen post Pablito, buenos recuerdos.
    Saluditos.

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