Camino entre las dunas a Cabo Polonio

Estábamos alquilando un rancho en Barra de Valizas (departamento de Rocha, Uruguay). Había amigos y amigas, primas de amigos, novios de hermanas, el abuelo y hasta una niña de menos de dos años llamada Alfonsina. Eramos más de quince personas en una casa pensada para un máximo de diez. Un poco apretados, éramos muy felices. Era enero de 2011.

En medio de alguna fogata nocturna, cobró forma la idea de la caminata hasta Cabo Polonio.

– ¿Cuánto se tarda hasta allá? -le pregunté a Massi.

– Unas tres horas.

El plan lucía muy atractivo, era una de las actividades imprescindibles a realizar si uno está por esta zona. Es una caminata entre dunas gigantes, y la distancia a recorrer es de más o menos 7 kilómetros. Lo conveniente es comenzar a andar bien temprano, para evitar que nos azote el fuerte sol del mediodía estival.

Así que un día madrugamos y nos preparamos para la travesía, lo más importante para llevar eran el protector solar, mucho agua y el juego de mate. Habremos arrancado cerca de las ocho de la mañana. Lo primero que hay que hacer es cruzar el Arroyo Valizas, que si no está muy crecido se puede atravesar caminando. En caso de que el arroyo esté muy alto, hay botes para cruzar por poco dinero. Lo que sigue es un recorrido en subida entre las dunas, desde donde tenemos hermosas imágenes de la costa. Durante el camino hay otras partes donde se pierde la vista del mar, donde todo son montículos de arena, y uno puede llegar a imaginarse en el desierto del Sahara.

Hacia el final del trayecto ya es posible bajar a la playa, para darse un buen chapuzón refrescante y para terminar caminando la última parte hasta Cabo Polonio con el mar mojándonos los pies. Al avanzar por la costa van apareciendo los primeros ranchos aislados, que nos indican que ya estamos llegando al pueblo.

Lo primero que hicimos, por supuesto, fue buscar algo de sombra. Y la encontramos en un bar sobre la punta norte del cabo, donde justamente también tenían cervezas frías. Pilsen o Patricia, no lo recuerdo. Tras recuperar energías fuimos a visitar el pueblo. Si bien algunos de mis amigos ya lo conocían, yo era la primera vez que estaba allí. Los rumores cuentan que su nombre se debe al de un galeón español que naufragó cerca de ahí en 1735, llamado Polonio.

Cabo Polonio cuenta con dos playas, la Norte y la Sur. En la primera podremos ver salir el sol, en la segunda contemplaremos el atardecer. La población permanente ronda las 100 personas, principalmente pescadores y artesanos, mientras que en las vacaciones de verano aumenta considerablemente. En lo que podríamos llamar el centro se ubican la feria artesanal, el almacén y algunos restaurantes que ofrecen platos de pescado bien fresco o parrilladas.

Una de las características de Cabo Polonio es que las casitas están desparramadas sin ningún tipo de orden aparente, como esparcidas al azar sobre un terreno ondulado y pedregoso. Otra es que no pueden ingresar los automóviles, lo que hace que casi no existan calles (sólo unas pocas de arena) sino simplemente algunos senderos pedestres que suben y bajan. Y no me olvidaré de mencionar que a Cabo Polonio no llega la energía eléctrica, por lo que de noche no hay alumbrado. Esto convierte al cabo en uno de los mejores lugares de la costa para apreciar el cielo nocturno y sus incontables estrellas.

Caminando hacia el sudeste llegamos al faro, que fue construido en 1881 y tiene una altura de 25 metros. Se puede visitar en determinados horarios, las vistas desde allí arriba son magníficas. Frente a la costa se sitúan tres islas rocosas: Rasa, La Encantada y El Islote. En ellas habita un gran número de lobos marinos, que también visitan a diario las rocas de la costa. Es posible observarlos a corta distancia, si te gusta ver animales en su entorno, aunque hay que soportar el olor intenso tan particular de esa especie. Según la época del año también se pueden avistar ballenas haciendo su ruta migratoria.

Las nubes grises que afortunadamente nos protegieron en nuestro trayecto entre las dunas le habían dejado paso a un sol radiante mientras andábamos recorriendo el cabo. Por supuesto entonces que también aprovechamos para bañarnos en el mar varias veces. Y así fue avanzando la tarde, tranquilamente…

En cuanto al tema del alojamiento, muchas de las coloridas casas del lugar se alquilan a los visitantes (por día, semana, quincena, etc.) y también se han instalado ya dos o tres hostales. No pierdan nunca de vista, quienes necesiten todas las comodidades, que como ya mencioné antes ninguno de estos lugares cuenta con electricidad.

Nosotros habíamos decidido que la vuelta a casa no la íbamos a hacer caminando, sino en camión. Para salir de Cabo Polonio hay un servicio de grandes vehículos 4×4 especialmente preparados para el transporte de pasajeros. Son los únicos autorizados a efectuar el camino entre las dunas del área protegida y llegan hasta la Puerta del Polonio (sobre la Ruta 10), desde donde se puede continuar en bus hacia Barra de Valizas. Los horarios y los precios de los camiones para entrar y salir los pueden ver acá.

Cabo Polonio posee la magia de un entorno agreste, amable y despojado. La hospitalidad de sus habitantes, además, nos invita a compartir charlas y mates en cualquier momento. Es un lugar perfecto para descansar el espíritu a orillas del mar, tal vez tratando de encontrarse a uno mismo.

 

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