Dos con cincuenta metros de frente

Puerta verde de la Casa Mínima (Buenos Aires)

Esta es la primera nota que escribo sobre algo de Buenos Aires, el lugar donde nací y donde ahora vivo. En mi cabeza estuvieron dando vueltas durante varios días los distintos temas que podrían servirme para el estreno. Como cuando no viajo siempre intento salir a la calle a descubrir los mejores detalles y las mejores anécdotas de mi ciudad, se me ocurrían muchas ideas para la primera entrada. Y aún sabiendo que los porteños solemos presumir de tener la más larga (Avenida Rivadavia) y la más ancha (Avenida 9 de Julio), yo al final me decidí por hablar de una de las cosas más pequeñas que he podido encontrar caminando por acá. Algo verdaderamente chiquitito.

Fachada de la Casa Mínima (Buenos Aires)La Casa Mínima. Pasaje San Lorenzo 380, barrio de San Telmo. Una vivienda con algo menos de 2,50 metros de frente, lo que equivale más o menos a la medida de un placard grande. Dicen que no hay ninguna más angosta en la ciudad. Y también dicen muchas otras cosas…

No perderé tiempo en describir la fachada, porque ya la pueden ver en las fotografías. El asunto importante acá es tratar de saber porqué existe una casa tan pequeña en un ciudad tan grande. ¿Por qué la construyeron así? ¿Quién vive ahí? ¿Quiénes vivieron antes? ¿Y se puede entrar a ver?

La leyenda más extendida cuenta que el edificio le fue entregado por sus antiguos amos a un esclavo liberto, en el año 1813. A principios del siglo XIX la ciudad tenía aproximadamente 40000 habitantes, de los cuales más de un cuarto eran esclavos de origen africano. Esta población negra aportó a la vida cotidiana y a la cultura elementos importantes como el carnaval y el candombe, entre otros. Cien años después, su presencia había casi desaparecido, debido principalmente a las convocatorias a los ejércitos (para las guerras de independencia o las luchas internas) y a una epidemia de fiebre amarilla que castigó duro al sur de la ciudad. Volviendo a la Casa Mínima, por muy atractiva que suene la leyenda sobre un esclavo viviendo allí, resulta más bien improbable. Aunque en el país se había declarado la libertad de vientres en 1813, la abolición de la esclavitud no se instrumentó en Buenos Aires hasta 1861. Por lo tanto, sería imposible que un esclavo liberto pudiera haber tenido posesiones antes de este último año.

Puerta verde de la Casa Mínima (Buenos Aires)

Un poco más próxima a la realidad está la conclusión de un exdirector del Museo de la Ciudad, quien determinó que en 1860 la Casa Mínima formaba parte de un lote de terreno mayor, propiedad de Magdalena Buthner. Tal vez haya sido la vivienda que ella les tenía asignada a uno o más de los sirvientes de su casa principal. Esa manzana, y el barrio de San Telmo en general, sufrieron posteriores modificaciones urbanísticas que fueron afectando los frentes y las fachadas de los inmuebles. En la segunda mitad del siglo XX la vivienda fue adquirida por un anticuario y restaurador llamado Silvio Bassi, quien la habitó durante más de diez años. Parece que habría sido él el propagador inicial de la leyenda del esclavo liberto que todavía se comenta por las calles. Me han contado que en los últimos tiempos cambió de dueño y funciona a veces como un salón de eventos (de alta categoría). También en algunas oportunidades se han realizado visitas guiadas para conocer su interior, pero es bastante difícil encontrar información sobre cuándo o quiénes las organizan.

No conozco a nadie que haya estado dentro de la Casa Mínima. Es uno de esos grandes misterios que nos guarda la ciudad de Buenos Aires…

 

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